Miguel Angel Pavón, Mauricio Rousselon, 2 de julio, 2020

Restaurantes a su máxima capacidad en los domingos familiares, los cines repletos en estrenos de una películas muy esperadas, largas filas para ingresar a un concierto o evento masivo, son escenas que tenemos claro no hemos vuelto a vivir a partir del 27 febrero de 2020, cuando en nuestro país se registró el primer caso de COVID-19. Malas noticias: el intervalo hasta el hoy que ahora se siente eterno, no es sino un suspiro en cuanto a tiempos de pasadas epidemias.

Llevamos en condición de alerta 17% de lo que duró la epidemia de la gripe de 1918 y tan solo un 5% del tiempo de lo que duró la peste negra en Europa en los años 1350. Peor aún, contamos con menos de un 1% de lo que ha durado el Ébola en ciertas partes de África y el SIDA desde que se detectó en EEUU en 1981.

Tres brotes mundiales (pandémicos) de influenza ocurrieron en el siglo XX: en 1918, 1957 y 1968. Los últimos 2 se encontraban en la era de la virología moderna y se caracterizaban por completo. Los 3 han sido identificados informalmente por sus presuntos sitios de origen como influenza española, asiática y de Hong Kong, respectivamente. Ahora se sabe que representan 3 subtipos antigénicos diferentes del virus de la influenza A: H1N1, H2N2 y H3N2, respectivamente. Aunque no se clasifican como verdaderas pandemias hay 3 epidemias notables: una pseudopandemia en 1947 con bajas tasas de mortalidad, una epidemia en 1977 que fue una pandemia en niños y una epidemia abortiva de influenza porcina en 1976 que se temía tener potencial pandémico. Las principales epidemias de influenza no muestran una periodicidad o patrón predecible, y todas difieren entre sí. La evidencia sugiere que las verdaderas pandemias con cambios en los subtipos de hemaglutinina surgen del reordenamiento genético con los virus de la influenza A animal (Kilbourne, 2006).

En los últimos 15 años, no ha habido escasez de artículos y artículos que emiten advertencias graves de que una pandemia mundial que involucraría una nueva enfermedad respiratoria era solo una cuestión de tiempo. En BBC Future en 2018, informaron que los expertos creían que una pandemia de gripe era una posibilidad real si no es que inmediata y que podría haber millones de virus sin descubrir en el mundo. Un experto dijo: «Creo que las posibilidades de que la próxima pandemia sea causados por un nuevo virus son bastante buenas «. En 2019, el Departamento de Salud y Servicios Humanos del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sí, leyeron bien, de Trump, realizó un ejercicio pandémico llamado «Contagio Carmesí», que imaginó una pandemia de gripe que comenzó en China y se extendió por todo el mundo. La simulación predijo que 586,000 personas morirían solo en los Estados Unidos. Si las estimaciones más pesimistas sobre Covid-19 se hacen realidad, el mucho mejor llamado «Contagio Carmesí» parecerá un día en el parque (Walsh, 2020).

Algo que veíamos “lejos” y “al otro lado del mundo” nos alcanzó a partir de febrero 2020 y de acuerdo a lo evidente, nuestra manera de vivir, independientemente de si se consigue una vacuna o no contra el SARS-Cov2, tendrá que considerar que las probabilidades de que nuevas mutaciones virales son tales que ya no se trata de si pasarán o no, sino cuándo.

Los sectores demográficos más jóvenes de la población están encontrando que el letargo si no es que la alergia al aprendizaje especializado bajo la cual se encontraban ya no les es conveniente. Informarse es madurar. Informarse es sobrevivir. Estos eventos van a tender cada vez más a generar evolución social a niveles prácticamente Darwinianos.

A principios del siglo pasado, la ciencia médica no tenía los avances con los que ahora cuenta, y las familias en México deseaban compensar el asunto al regir que entre los hijos de esta se preparara un abogado, para buscar justicia; un médico, para librarse de las epidemias y facilitar los nacimientos, y un sacerdote, para cuando todo lo demás fallaba.

¿Cuál sería, un siglo después, la disposición de familias así de fundamentalistas si todavía procedieran así? Probablemente los análisis genéticos de predisposición a desórdenes, enfermedades y posibilidad de contagio sean cada vez más solicitados, si no, no hay boda.

La nueva normalidad ha llegado y con ella los cubrebocas, las caretas, los geles antibacteriales y la distancia, que ya no se sabe realmente cuál es… es mucho más importante saber para dónde corre el viento o la ventilación. Puedes tener a un portador a seis metros, pero si pasa mucho tiempo viento arriba tuyo, tu probabilidad de contagio aumenta radicalmente, peor si ninguno de los dos porta cubre bocas. Mucho peor si se encuentra cantando o vociferando ¡Goooool!

Me atrevo a preguntar, ¿cuántos de nosotros sabíamos de la existencia de las siglas KN-95 antes de febrero de este año? ¿Cuántos conocíamos el término “curva epidémica”? ¿Cuantos teníamos el temor de abrazar a un ser querido?

En el mes de marzo 2020, se estableció la primera fase de la pandemia de COVID-19 en México y con ello el inicio de la jornada de sana distancia y el lema más escuchado desde entonces “Quédate en Casa”.  Pero también observamos cualquier cantidad de opiniones contradictorias, ociosas de enumerar.

En entrevista con la periodista Denisse Merker el 20 de abril de este año, el subsecretario de Salud en México, Hugo López-Gatell comentó que posiblemente nunca volvamos a lo que llamábamos normalidad, por lo que es necesario comenzar a dar pequeños, pero precavidos pasos para la reapertura.

Hemos de reabrir no solamente la economía, sino la mente también. Quienes de mejor manera le permitan a su mente establecer o refrendar cotidianamente los siete hábitos siguientes, seguramente tendrán una mucho mayor probabilidad de transferir sus conocimientos a generaciones sucesivas, en vida, no en videos de cuando todavía nos acompañaban.

  1. Ejercitarnos con prioridad – la oxigenación permite abrir la mente y mejora el humor.
  2. Bajar de peso hasta donde la ciencia indica conveniente para nuestra edad y estatura.
  3. Ejercitar el pensamiento crítico y analítico – para escoger mejores líderes y liderar nosotros.
  4. Acoger las medidas que los puntos anteriores nos dicten escoger.
  5. Llevar a cabo tales medidas de manera consistente, conscientes de las consecuencias.
  6. Ofrecer nuestro yo mejorado a quienes más lo necesiten – dar es recibir.
  7. Revisar a intervalos regulares los ajustes que siempre hará falta realizar en estos hábitos.

La nueva normalidad llegó para quedarse. Llenar el planeta con ocho mil millones de seres humanos tiene ahora un costo marginal demasiado alto para la sociedad y los gobiernos cuando cada nuevo ser humano decide vivir, al llegar a la madurez, fuera de esa normalidad: cuidarse, cuidar a otros y cuidar el mundo en el que vivimos.

Kilbourne E. D. (2006). Influenza pandemics of the 20th century. Emerging infectious diseases12(1), 9–14. https://doi.org/10.3201/eid1201.051254

Walsh, Bryan. ( 25th March 2020). Throughout history, nothing has killed more human beings than infectious disease. Covid-19 shows how vulnerable we remain – and how we can avoid similar pandemics in the future.. 2/7/2020, de BBC Future Sitio web: https://www.bbc.com/future/article/20200325-covid-19-the-history-of-pandemics